20 diciembre, 2009

El color de la tristeza

Despues de varias semanas sin intentarlo, he vuelto a presentar un microrelato al concurso de Hoy por hoy. A ver si esta vez tengo mas suerte...

Los hombres que a mí me gustan no saben llorar. Su rabia me produce un dolor morado que me ha ido acompañando, como una culpa a la que no logras despistar por las esquinas de la vida. La educación gris de mi padre, los celos amarillos de mi novio, la negra posesión de mi marido siempre vigilaron mis movimientos. El resultado: soy el desencuentro conmigo misma en la luz azul de un quirófano de hospital. Siempre hay un límite que no se sobrepasa, pensé yo hasta que rompió la orden de alejamiento. Era tarde para descubrirlo: dejarme al borde de la muerte le hizo aprender el significado de las lágrimas.

17 diciembre, 2009

El Plan P. El último intento de la república para ganar la guerra

A menudo los libros de historia se centran en las grandes batallas, sin dibujar los detalles que ocurrieron a su alrededor. A principios del otoño de 1.938, la batalla del Ebro se estaba perdiendo y la república diseñó un plan para tratar de cambiar el curso de la guerra, cuyo inicio sería un desembarco en el pueblo granadino de Motril. Los desacuerdos entre los mandos republicanos hicieron abortar esta operación en el último momento y meses después se perdería la guerra. Nunca podremos saber qué habría pasado si el plan se hubiera llevado a cabo...


Al inicio del otoño de 1.938 aún se combatía en el Ebro, pero la batalla ya estaba perdida para la República. A principios de ese año, tras la caída de Teruel, las tropas nacionales habían llegado hasta el mar, dividiendo en dos el territorio republicano. El 25 de Julio, festividad de Santiago y el día que se había marcado Franco para conquistar Valencia, las tropas cruzaron el Ebro y se adentraron en territorio controlado por los fascistas, pero sólo una semana más tarde el avance republicano se desinfló como otras veces, sin lograr sus objetivos por falta de continuidad del ímpetu de sus tropas y, sobre todo, por la falta de medios.

Franco estaba ganando la batalla. Había dispuesto una estrategia de desgaste total del enemigo, aunque eso conllevara una enorme pérdida de vidas por ambas partes. A finales de Septiembre la situación internacional abrió una nueva esperanza para los republicanos: Alemania reclamaba la región de los Sudetes a Checoslovaquia y eso estaba poniendo a toda Europa al borde de la guerra. Si finalmente estallaba, el curso del conflicto en España podía cambiar totalmente. Pero el 30 de Septiembre, en la Conferencia de Berlín, las democracias claudicaron ante el nazismo y días más tarde, Franco pactó con Hitler el envío de numeroso material de guerra. El mismo día 30 se reunieron las Cortes republicanas en el Monasterio de Sant Cugat del Vallés. El presidente del gobierno Negrín inició una postura más conciliadora que abriera alguna vía futura a la paz, se decidió la marcha de las Brigadas Internacionales y proponer canjes de prisioneros, como ya había propuesto unos días antes en la Sociedad de Naciones.

Pero la suerte en el Ebro estaba echada y, a la vista de la situación, el general Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor Central republicano, diseñó un plan para obligar a los nacionales a distraer fuerzas del frente catalán. El “Plan P” se venía gestando desde unos días antes. Rojo envió una carta a Negrín, fechada el 9 de septiembre de 1938, en la que le informaba de sus planes para realizar un desembarco en Motril, con el objetivo de conducir un avance por sorpresa, mediante una columna motorizada, sobre las provincias de Málaga y Granada. Ese mismo día se dieron instrucciones al Grupo de Ejércitos de la Región Central, para que preparara un ataque local sobre Motril, en combinación con el que desarrollaría la Flota, al mando del almirante Buiza. El objetivo era atraer las tropas nacionales de Queipo de Llano. Entonces comenzaría la segunda fase del plan: un ataque de tres Cuerpos de Ejército desde el frente Peñarroya-Córdoba en dirección a Badajoz y Sevilla hasta llegar a la frontera con Portugal, partiendo así en dos el territorio controlado por los nacionales. Eso obligaría a Franco a movilizar sus tropas del frente del Ebro y además, de tener éxito, podía dar un giro a la contienda.

El 18 de octubre de 1938 se emitió una instrucción reservada dirigida al Grupo de Ejércitos de la Región Central en la que se ordenaba el despliegue de un mínimo de tres Cuerpos de Ejército de reserva. Además, se ordenaba acumular recursos y abastecimientos para asegurar la acción ofensiva de un ejército de 200.000 hombres, de acuerdo con una ofensiva que consistiría en sendas maniobras secundarias en Motril y en un escenario de la zona central, junto con el ataque principal en Extremadura. Éste es uno de los pocos documentos en los se denomina a dicho plan P, "principal". Diez días más tarde, Barcelona se engalanó para despedir a las Brigadas Internacionales. La despedida fue uno de los actos más emocionantes de toda la guerra, habían dejado 5.000 muertos en el combate y su contribución a la causa republicana quedaría para siempre en la historia.

Los detalles del desembarco previsto en Motril se desarrollan en un documento fechado el 10 de noviembre de 1938. En dicho estudio se analizaban las posibilidades del puerto y se detallaban las naves que intervendrían en la operación. El desembarco estaba planificado con el objetivo de que una división atacaría y rompería el frente en dirección Motril-Málaga, mientras la Brigada especial Y, compuesta por cuatro batallones de hombres seleccionados especialmente, sería transportada por mar desembarcando en Motril detrás de las líneas enemigas.

El 17 de noviembre el gobierno notificó el fin de la batalla del Ebro. La noche anterior se habían evacuado las últimas tropas. Lo que el ejército republicano había conquistado en una semana lo defendió durante 120 días y todo quedaba como estaba a final de Julio, eso sí con 60.000 bajas republicanas y 40.000 nacionales. Franco tenía abierto su camino hacia Cataluña y el Plan P era lo único que podía pararlo y tratar de cambiar el curso de la guerra.

El 30 de Noviembre se emitió la instrucción reservada nº 87 para el Jefe del Ejército de Andalucía, cuyo objeto eran las operaciones ofensivas en el sector de Motril. Los medios suplementarios que se dedican son el Cuerpo de Ejército XVII integrado por las divisiones 19-64 y 14, la brigada especial Y con sede en Cartagena, cuatro grupos de artillería, una o dos compañías de tanques y el soporte de la aviación, que se fijará a posteriori de la forma oportuna. Los fines de la misión son: desconcertar al enemigo mediante un golpe de audacia, desorganizar lo más profundamente su dispositivo en este sector, obligarle a movilizar la mayor cantidad de reservas. Las características necesarias son: secreto absoluto durante su preparación y máxima decisión, audacia y energía durante su desarrollo. Se establece que gran parte del éxito radica en aprovechar al máximo el tiempo y los efectos de la sorpresa. La maniobra consiste en un desembarco por sorpresa de la Brigada Y que debía ocupar el puerto y el pueblo de Motril, cubriendo los accesos a Málaga y progresando hacia Vélez de Benaudalla. Dicha acción de desembarco debía ser protegida por la flota y acompañada de una acción de ruptura del frente enemigo en el sector de Lújar en dirección Órgiva-Lanjarón. También se establece que la radio y las palomas mensajeras debían inicialmente desempeñar una importante misión. Si las circunstancias se presentaran favorables, se estudiaría explotar la acción llevándola hasta Granada. Se daba orden de que las tropas que debían participar en la acción debían someterse a un plan intensivo de instrucción para combate de pequeñas unidades en terreno montañoso, marcha en montaña y empleo de la brújula.

El 6 de diciembre, Rojo informó a Negrín que parecía inminente un ataque de los nacionales sobre Cataluña y le propuso iniciar el Plan P dos días después. El 9 de diciembre se envió la instrucción reservada nº 92 para el jefe de la flota, cuya misión fundamental era colocar sobre los muelles de Motril, a las 6 de la mañana del día fijado, a la Brigada Y, que estaba en Cartagena y que debía ser embarcada en Almería la noche antes. Se le ordenaba informar de la salida del puerto, de las novedades extraordinarias que pudieran suceder durante la travesía y del desembarco de los primeros elementos. Se establecía que iban a contar con una cobertura aérea formada por una escuadrilla de “chatos”, tres de “natachas” y una de “katiuskas”.

Como sólo contaban con nueve divisiones muy mermadas, se vieron obligados a retrasarlo al día 11. El general Rojo envió un telegrama fechado el 10 que dice literalmente "Radio de las 11 horas hoy Jefe Grupo Ejércitos Región Central dice Urgentísimo y Reservado. Por dificultades surgidas para envío punto destino transporte y embarque del material de la Brigada a petición Jefe Flota con quien celebré entrevista, se ha aplazado plan hasta noche 11 al 12". La instrucción reservada nº 93, que se le envió al Jefe de las fuerzas aéreas ese mismo día, comunicaba la fecha de la acción, cuya misión es proteger la flota.

El día en el que estaba previsto el inicio de la operación Rojo recibió una carta de Miaja, Jefe del Grupo de Ejércitos de la Región Central. Éste consideraba que las condiciones eran desfavorables debido a que la luna llena incrementaba la visibilidad en el mar y opinaba que no había información suficiente sobre el puerto de Motril, ni garantías de conseguir el factor sorpresa, ya que la concentración y el transporte de tropas había dado como resultado que los equipos de los barcos y los jefes supiesen que iba a realizarse un desembarco. Finalmente alegaba que la aviación enemiga suponía una amenaza considerable para los barcos. González de Ubieta, el Jefe de la Flota que estaba cercada en Cartagena, apoyaba estas ideas y es posible que el consejero soviético de aviación se negara a destacar aviones. Miaja se volvió a oponer al envío de tropas para una operación proyectada como parte de un ataque combinado por mar y tierra
A estas alegaciones contestó el Jefe del Estado Mayor de la Marina con un telegrama dirigido a los mandos de la Flota en el que, aunque indicaba que se comprendían las razones de la negativa, se recordaba que la operación formaba parte de un plan general que había que aplicar antes de que el enemigo desencadenara la próxima gran ofensiva. Nada menos que Negrín tuvo que insistir, mediante un telegrama dirigido al Jefe de la Flota en la necesidad de realizar el ataque. Pero ante las discrepancias sobre la operación, el Presidente del Gobierno tuvo que cancelarla en el último momento.

Esto produjo el enfado de Rojo. Miaja conocía la operación desde un mes y medio antes y esperó a último momento para manifestar su desacuerdo. Las fuerzas republicanas habían puesto en marcha los preparativos y pequeños barcos se habían hecho a la mar desde Almería transportando los soldados. Embarcaron de noche y antes habían provocado explosiones con el fin de que la población civil almeriense se asustase y se metiera en los refugios para que nadie los viera partir y aumentar así el factor sorpresa. Los soldados estuvieron esperando en los barcos hasta las dos de la mañana, hasta que de pronto les comunicaron que la operación había sido cancelada.

Rojo decidió salvar parte del proyecto atacando por tierra Granada hacia el día 24. La difícil improvisación se complicó por las malas comunicaciones de la zona. Por si fuera poco, se desencadenó en Madrid una crisis alimentaria y el mando de transportes, que no dependía del ministerio de defensa, decidió que los camiones que debían transportar las tropas hasta Granada marchasen hacia Madrid para transportar alimentos. También esta operación fue suspendida.

El general Rojo dedica varias páginas en su obra "¡Alerta a los pueblos!" a explicar las lamentables consecuencias negativas de la suspensión del desembarco. Ciertamente, por desfavorables que fuesen las circunstancias, y por elevadas que fuesen las bajas previsibles, como señala el propio Rojo, más se iba a perder en el caso de que se consumase la derrota militar de la República, como finalmente ocurrió. El desembarco en Motril podía haber atraído las reservas enemigas para facilitar, así, el ataque en Extremadura. Sin embargo, Abraham Guillén, que estudió las operaciones desde un punto de vista afín a los anarquistas, creía que el desembarco "era una aventura guerrillera tardía, sin cobertura política ni programa de liberación para la retaguardia franquista, sin unidad política entre socialistas, comunistas, anarquistas y republicanos".

Con el fin de respetar el pensamiento del general Rojo, lo mejor es transcribir lo que escribió sobre la operación de Motril en su libro Alerta a los pueblos: "Habíamos hecho, personalmente, el general jefe del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos y yo, el reconocimiento de la zona de maniobras, elegido la línea de ruptura del frente enemigo y comprobado la posibilidad de lograr esa ruptura en cuanto había asegurado el jefe de la Flota que dejaría las tropas en el puerto. La razón principal de la dificultad que este jefe señalaba era el temor de que fuesen descubiertos los transportes por la luna; dificultad que yo apreciaba también, pero que no estimaba suficiente para suspender el ataque, ni siquiera para aplazarlo, pues la eficacia del plan radicaba en su oportunidad (...)"

Luego, insistiendo sobre las posibilidades de éxito, Rojo prosigue: "Por el mar iba a actuar una brigada reforzada y especialmente preparada para la operación, apoyada por toda la Flota, en condiciones de superioridad sobre la adversaria y no digamos sobre el puerto, que contaba con pocas y malas defensas. A tal amenaza seria iba a unirse un ataque por tierra en un frente estrecho, con una división, para cortar las comunicaciones enemigas, cosa calculada y posible, como en otras operaciones realizadas, a pocas horas de comenzada la operación; apenas teníamos enfrente cuatro batallones de reservas locales, repartidos en diversos puntos para acudir a los lugares amenazados; unidades éstas acreditadas por su pasividad y con mandos cuya suficiencia no se había contrastado aún en la guerra..."

Lo cierto es que el plan, que tuvo su origen en el Estado Mayor Central, era de gran osadía y visión estratégica. Descabezado por el desembarco frustrado, la otra parte del Plan P, la ofensiva de Peñarroya se demoró demasiado tiempo, hasta Enero, dando tiempo a Franco a anticiparse. Negrín intentó entonces pactar una tregua con motivo de la Navidad, propuesta que recibió un buen eco por parte del Vaticano y algunas cancillerías europeas. Franco se negó ya que en las navidades anteriores el gobierno republicano aprovecho para iniciar la batalla de Teruel. Las acciones del Plan P sobre Extremadura se acabaron realizando y fueron un fracaso.

El año 39 comenzó y la guerra se estaba acabando de perder. En Enero caía Cataluña y semanas más tarde comenzaban las noticias sobre los campos de refugiados del sur de Francia. En Febrero, Inglaterra y Francia reconocieron al régimen franquista. Aunque Negrín y su gobierno seguían apostando por la resistencia, Casado daría en Marzo un golpe de estado dentro de la República con el objetivo de acercarse a Franco y negociar la derrota. Éste, que había alargado la guerra con el objetivo no ya solo de ganarla, sino también de aniquilar lo máximo posible al enemigo, asegurándose así una postguerra tranquila para sus intereses, sólo estaba dispuesto a una rendición incondicional. A finales de marzo las tropas republicanas se desmovilizan. La guerra había terminado, el sufrimiento continuaría durante cuarenta años.


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14 diciembre, 2009

Los ultimos días de un periódico

El Defensor de Granada fue un diario progresista que siempre lucho por las libertades. El trágico final del periódico y de su director, a los pocos días del inicio de la Guerra Civil, es una historia que merece la pena contarse...

El diario El Defensor de Granada apareció el 20 de Septiembre de 1.880. Des el inicio se caracterizó por su talante abierto y progresista y por su lucha por las libertades. A través de sus páginas puede entenderse mejor la historia de Granada, de Andalucía y de España de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX.

Fue crítico con la actuación de los políticos en la Guerra de Cuba y supo reflejar el drama de los soldados repatriados de la isla. Cada día desde Septiembre de 1.898 hasta bien entrado 1.999 publicó la lista de soldados que volvían a la provincia. Retrató la sociedad de principios del siglo pasado, el reinado de Alfonso XIII, la dictadura de primo de Rivera y fue un gran defensor de los ideales de justicia de la Segunda Republica. Su portada de la edición nº 27.444 del 14 de Abril de 1.931 refleja la alegría de la proclamación de la República “La jornada del domingo fue verdaderamente gloriosa. La España nueva, la que ha ido formándose en estos ocho años indignos de dictadura ignominiosa, ha hablado con serenidad y energía. La firmeza en las convicciones, el ansia y el espíritu de una nueva estructuración política, económica y social para la patria, se ha manifestado plenamente. El pueblo ha acudido a las urnas para depositar en ellas su voluntad y el demostrado ser un pueblo que no necesita de tutorías de ninguna clase […] Las elecciones del domingo demostraron perfectamente como cuando un pueblo se hace dueño de sus destinos, no hay fuerza que lo desvirtúe.”



En la elecciones de 1.936 denunció el fraude electoral que impidió la victoria del Frente Popular: “Contra la arbitrariedad y el atropello, por respeto a la verdad y a la justicia, habrá que anular las elecciones en la provincia de Granada […] En muchos pueblos de la provincia de Granada los monterillas y los caciques han ofrecido un espectáculo electoral bochornoso. Tenemos en nuestro poder una larga relación de episodios que acredita el desenfreno escandaloso y brutal a que se han dedicado los enemigos de la democracia… No han tenido para las organizaciones de izquierda ni la más ligera sombra de respeto. Se les ha tratado como a gentes fuera de la ley. Detenciones en masa de apoderados e interventores. En algunos pueblos no han podido entra los candidatos. De otros han tenido que huir los elementos izquierdistas perseguidos por las furias caciquiles…Las elecciones en la mayoría de los pueblos de la provincia de Granada están plagadas de tantas arbitrariedades y falsean de tal modo el sentir del cuerpo electoral, que no se puede poner en duda la necesidad de su anulación por respeto al sufragio y por espíritu de justicia. Las actas amañadas por los monterillas y caciques chorrean arbitrariedad y escándalo por todos los conceptos.” Sus denuncias fueron movilizaron a la opinión pública y llevó al Parlamento a ordenar la repetición de las elecciones en la provincia de Granada, donde esta vez, evitado el fraude, la victoria del Frente Popular fue incontestable.
El Defensor de Granada desapareció el 20 de Julio de 1.936 con el triunfo del golpe de estado en Granada. Los militares golpistas ordenaron su cierre. El final de su último director Constantino Ruiz Carnero, resume el destino que tuvo la libertad durante esos días en Granada: Fue detenido el 27 de Julio. Estando en prisión a la espera de su ejecución, un guardia le dio un culetazo de fusil en la cara, destrozándole las gafas, que tanto le caracterizaban, e incrustándole los cristales rotos en los ojos y luego lo dejó agonizando durante horas sin que le prestaran ningún tipo de asistencia médica. Cuando fueron a trasladarlo para fusilarlo frente a las tapias del cementerio no pudieron hacerlo porque se lo encontraron muerto. Pese a ello, lo ataron a un poste y fusilaron su cadáver.
Más de 2.400 granadinos fueron fusilados en las tapias del cementerio, entre ellos mi tío-abuelo Paco Álvarez López (ya conté su historia en un artículo de este blog). El Ayuntamiento de Granada, gobernado por el Partido Popular, se niega a reconocer este lugar histórico. Ni siquiera ha tenido la cortesía de recibir a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que pide la colocación de una placa para rendir homenajear todas esas personas asesinadas en nombre de la libertad.


La Junta de Andalucía he escaneado los números de El Defensor de Granada y ahora están accesibles en internet. Creo que es una pena y un lujo desaprovechado que la ciudad de Granada no haya sabido recuperar una cabecera como la de este diario:

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11 diciembre, 2009

El periodista que se quedaba a 150 kilómetros de la noticia

El 9 de Febrero a las 2 de la madrugada, Antonio Olmedo, el cronista de guerra del ABC de Sevilla transmitía por teléfono desde Algeciras su crónica al periódico sobre la “conquista” de Málaga por las tropas nacionales. Los datos sobre la hora y la forma del envío de dicha crónica aparecen en el texto del mismo artículo, que pese a llegar a una hora tan tardía, consiguió salir en la primera página de la edición de ese día. “España se asomó por fin al mejor de sus balcones sobre el Mediterráneo para lanzar hacia Europa un grito animador de la santa cruzada contemporánea ¡Rusia no! La púrpura y el oro de la bendita bandera española ha borrado la infamia roja de Málaga […] Esta ha sido la batalla de Málaga que ganó Queipo de Llano como lo había prometido, como ganará otras hasta el rescate total de la hermosa tierra andaluza, que le brinda con su señorío”.

En las páginas posteriores Olmedo firma mas crónicas donde se dan detalles de la toma de Málaga como: “El aspecto de Málaga es animadísimo. Por la tarde, materialmente no se podía transitar por la población en coche, tal era la cantidad de personas que se habían echado a la calle, a respirar a sus anchas después de estos largos meses de terror”. Resulta curioso que pudiera describir estos detalles, puesto que la crónica anterior decía claramente que era telefoneada desde Algeciras, que está a casi 150 kilómetros de Málaga. Las tropas nacionales habían entrado en la ciudad en las primeras horas del día anterior, pero el periodista aún no había llegado.

Durante los días siguientes firmó más artículos sobre los detalles de las operaciones militares tras la caída de Málaga. El día 10, desconozco si aún seguía en Algeciras y escribió otra vez de oídas lo que estaba sucediendo, (el texto vuelve a decir que se trata de una crónica telefónica, pero no esta vez especifica desde donde se realiza), pero lo que está claro es que su crónica no refleja la tragedia que estaba sucediendo. ”Llegan fugitivos por todas partes, gozosos de lograr acogimiento aquí donde se logra la victoria de España”. Y cualquier incongruencia valía con el objetivo de vestir su causa de Cruzada: “El triunfo es de la Cristiandad. España semeja ahora un campo de batalla, donde se dirime la contienda entre dos civilizaciones. Es franca la victoria del Occidente cristiano sobre el Oriente ateo”. Pese a sus palabras está claro que los malagueños que estaban siendo masacrados en la carretera del Almería no eran ningunos “orientales”.

Un día más tarde (el 11 de Febrero) vuelve a enviar su crónica desde Algeciras. Al menos esta vez tiene la decencia de reconocerlo ya que la inicia diciendo “Regresamos de Málaga, ya nuestro espíritu en su centro, de donde le desplazó la emoción del triunfo”. El día anterior en Sevilla le habían hecho entrega a Queipo del título de hijo adoptivo y predilecto de la ciudad, pero Antonio Olmedo, pese a sus palabras, seguía descentrado por la emoción del triunfo y firmaba un artículo que vanagloriaba la figura del general: “La guerra es para artistas machos, como ese general de los andaluces, que ganó en Sevilla la base del movimiento salvador y ahora ha sumado una provincia entera a la bendita causa de la Humanidad civilizada”. En la edición de ese mismo día aprovechaba también para dar nuevamente su “versión” de la tragedia que estaban provocando en la carretera de Almería: “La caravana mueve a piedad. Vienen en ella muchos niños. Se los llevaron los rojos mintiendo a sus padres […] Si Europa escuchase los gemidos de esos niños hambrientos, quizás curase muchas sorderas. Ayer los soldaditos del Generalísimo dieron su pan y sus conservas a los niños y a los ancianos que regresan de la infame aventura decretada por las consignas judías del Kremlin.”

Hasta ayer no sabía quién era Antonio Olmedo, posiblemente un personaje menor destinado a perderse entre los actores secundarios de la historia, pero al leer la crueldad, el machismo y el racismo de sus crónicas decidí investigar su biografía. Mi sorpresa fue al enterarme de que no había sido un periodista menor. El propio ABC, en su edición del 1 de octubre de 1.955, con motivo de la entrega del título de periodista de honor a Antonio Olmedo, de manos del propio Francisco Franco, hace una pequeña biografía: “Nació en Almadén (Ciudad Real). Ingresó en la Academia de Infantería, perteneciendo a la misma promoción que el Caudillo. Prestó valiosísimos servicios en Marruecos, tanto de campaña como políticos. Formó parte de la primera redacción del ABC de Sevilla y pasó por todas las secciones del periódico, desempeñando sucesivamente los cargos de redactor-jefe, subdirector y director. Retirado del ejército por la Ley de Azaña al advenimiento de la República, se incorporó durante la guerra de Liberación, simultaneando sus tareas periodísticas, en las que alcanzó notoriedad en sus crónicas diarias sobre la situación Militar”

Si en el artículo que publiqué ayer hablaba de los que le reían las gracias a Queipo, Olmedo fue uno de los principales en ese “oficio”. Publicó una biografía sobre él titulada: "General Queipo de Llano: aventura y audacia".

A su muerte en 1.957 un diario en su obituario hizo la relación de condecoraciones que poseía: “la Orden del merito Civil, la Orden del Cristo de Portugal, la Encomienda Oficial de la Corona de Italia, la placa de San Hermenegildo, varias cruce rojas del Mérito Militar y otras condecoraciones españolas y extranjeras”. No está nada mal para un periodista que se quedaba a 150 kilómetros de la noticia.

Nota.- Pese a que no comparto la línea editorial del diario ABC, quiero reconocer el magnífico trabajo que han realizado publicando en internet su hemeroteca: http://hemeroteca.abc.es , en la que se puede encontrar cualquier edición desde 1.903. A través de sus páginas se puede ver la historia del último siglo de nuestro país. Especialmente interesante es comparar las ediciones de Madrid y Sevilla durante la Guerra Civil, ya que se pueden ver los puntos de vista de la información de ambos bandos, aunque quizás sería más correcto decir propaganda, ya que en tiempos de guerra (cualquier guerra y cualquier bando) la información es la primera víctima. El problema es que en nuestro país la propaganda se extendiera durante más de cuarenta años.

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10 diciembre, 2009

El genocida que se creía gracioso

Si buscamos en wikipedia el significado de genocidio podemos encontrar: “el genocidio o asesinato de masas es un delito internacional clasificado dentro del género crímenes contra la humanidad. Se entiende por genocidio cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal.” La definición del Diccionario de la Real Academia Española es prácticamente idéntica: “exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad”.

En base a estas definiciones, creo que hoy ya nadie puede negar que el general Gonzalo Queipo de Llano cometió genocidio con el pueblo andaluz.

Queipo de Llano fue seminarista y luego ingresó en el ejército como soldado voluntario, participando, ya como oficial, en la Guerra de Cuba. Se mostró positivo inicialmente con la dictadura del General Primo de Rivera, pero posteriormente aumentó sus críticas con su tradicional lenguaje poco educado e imprudente. En respuesta a una de sus diatribas, José Antonio, hijo del dictador y fundador de Falange, le abofeteó en público. No fue la única vez que esto le ocurrió a Queipo, debido a su lengua poco comedida. La proclamación de la República benefició a los militares contrarios a Primo de Rivera, incluido Queipo, que se convirtió en Capitán General de Madrid y colaboró en las reformas militares de Azaña. En aquel momento, se mostraba como republicano convencido y se fotografiaba con políticos socialistas en numerosas ocasiones públicas. Le habían ido otorgando ascensos y los conspiradores no contaron con él inicialmente, pero, al enterarse Queipo de la preparación del golpe, se ofreció a colaborar.
Le asignaron Andalucía, lo cual le sorprendió. El triunfo del golpe de Sevilla fue de vital importancia, pues significó un enclave importantísimo al ser la cabeza de desembarco del ejército de África. Esto reforzó la situación de Queipo, al que alguien describió como “valiente, expansivo, expansivo, burlón y mordaz”. Inmediatamente Queipo inició sus charlas radiofónicas diarias y cada noche inundó las ondas con sus comentarios. Sus mentiras no tenían final, horas después del “Glorioso Alzamiento” dijo que los “rojos” habían bombardeado la Alhambra, la Mezquita y el Pilar de Zaragoza. Tampoco estaban exentos de crueldad, el 23 de Julio dijo: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado los rojos lo que es ser un hombre. De paso también a las mujeres de los rojos, que ahora, por fin, han conocido a hombres de verdad y no castrados milicianos. Dar patadas y berrear no las salvará”


Sus alocuciones rápidamente fueron jaleadas por sus partidarios, que veía en él a un hombre “simpático”. Pero Cabanellas, uno de los generales golpistas, no opinaba lo mismo de él: “De Queipo circula por España una noticia muy distinta a la realidad. Se le pinta como alcohólico inveterado, cuando era muy raro que bebiera. Se le retrata como un hombre de gran simpatía, de carácter abierto y jovial, cuando era acre, propenso a expresiones desagradables e introvertido. Se le describe como inteligente, cuando no era demasiado hábil ni siquiera en la intriga”. El propio Cabanellas le decía en una carta: “Muchas veces los que te rodean te jalean, te hacen hablar para después utilizarlo. Tienes la desgracia de pensar en voz alta y todo ello te acarrea graves perjuicios”.

Las alocuciones por radio de Queipo de Llano pronto mostraron un destinatario recurrente: “La primera sentenciar que firmemos en Málaga ha de ser pena de muerte”. Su intención era amedrentar, socavar la moral de sus habitantes, provocar la incertidumbre de éstos ante las consecuencias que pudiera deparar la entrada de sus tropas. El general anticipaba las represalias, la venganza que acompañaría a la llegada de su ejército. Queipo disponía de una herramienta temible: su lenguaje insultante, provocador y soez, su capacidad de imponer, de generar un mensaje del miedo que calaba lentamente en el ánimo de los malagueños. “Es verdad que ellos son unos canallas y nosotros somos caballeros. Ellos son los asesinos que abren el vientre a las mujeres, queman a los niños en las rodillas de sus madres y realizan actos de los que nosotros no seríamos capaces… ¡Idiotas! os van a salvar para que continuéis cometiendo crímenes, pero ya tendréis vuestro merecido, aunque se escondáis debajo de la tierra, porque de allí los sacaré. Continuad vuestras hazañas, que más pronto o más tarde pagaréis los crímenes cometidos. ¡Canallas! ¡Cobardes!”.

El discurso de Queipo generaba angustia y conseguía que la población nunca se sintiera a salvo, que no pudieran olvidar que estaban indefensos frente a los aviones. En los hogares, cada noche, con una discreción absoluta, algunos malagueños sintonizaban la frecuencia de radio Sevilla, unos llenos de inquietud otros, los que esperaban con impaciencia su llegada, con devoción.: “Si, vosotros, canallas, vosotros anarquistas de Málaga, esperad a que llegue allí dentro de diez días. ¡Esperad! Me sentaré en un café de la calle Larios a beber mi cerveza y por cada sorbo que tomé, caerán diez de los vuestros. Fusilaré a diez de vosotros por cada uno de los nuestros (berrea), aunque tenga que sacarlos de la tumba para fusilarlos”.

La escritora inglesa Gamel Woosley, que era la esposa de Gerald Brenan, vivía en un pueblo en las afueras de Málaga en aquel momento y en su libro “Málaga en llamas” describe perfectamente el sentimiento ambiguo que le despertaban aquellas charlas “Resulta muy difícil describir hay Queipo de Llano, hay que oírle. Nunca se había escuchado ni se escuchará algo semejante. Ha creado un personaje en el que combina la ferocidad y un cierto tipo de humor fiero y tempestuoso en un tiempo. Dicen que es abstemio, pero tienen la voz suave y suelta y el tono alegre y disperso del bebedor habitual […] Después, unos periodistas italianos que le habían visto hablar nos contaron que siempre retransmitía uniformado, con todas las medallas puestas y sus soldados, igualmente uniformados, se alineaban detrás de él. Es imposible dar a quienes no lo han oído una imagen ajustada de cómo era en el aire. Nosotros sentíamos por él una tremenda fascinación, nos parecía irresistible. Era como un tirano de un antiguo melodrama. Pero desgraciadamente era real”

Queipo fue el máximo responsable de las acciones de represión el ejército nacional en toda Andalucía. "El ochenta por ciento de las familias de Santa. Lucia está ya de luto. Y no vacilaremos en adoptar medidas más rigurosas para asegurar nuestra victoria.... "He dado orden de fusilar a tres familiares de cada uno de los marineros del guardacostas que ha vuelto a bombardear La Línea". El colmo del cinismo se produjo mientras más de cien mil personas, en su mayoría mujeres y niños, huían en desbandada de Málaga mientras eran atacados por la aviación y la flota nacional, Queipo decía: "Un parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarles en su huida y hacerles correr más aprisa, enviamos a nuestra aviación que bombardeó incendiando algunos camiones". Más de cinco mil personas dejaron su vida en aquella carretera mientras al genocida simpático le reían las gracias u lo nombraban hijo adoptivo y predilecto de la ciudad de Sevilla.

Ante la victoria y el desorden republicano, Queipo de Llano pretendió continuar la operación con el objetivo de conquistar toda Andalucía, pero Franco ordenó detener el avance y ya empezaba a ser una costumbre que frustrara las operaciones militares en su momento más favorable. La relación entre ambos nunca había sido buena, Queipo llamaba en privado a Franco “Paca la culona”, pero una vez conseguidos los objetivos militares en el Sur, Franco fue relegando al “virrey de Andalucía”. El 30 de Enero de 1.938, cuando la Junta de los sublevados se convirtió en Gobierno, acabaron las emisiones radiofónicas de Queipo de Llano. El país se ahorró por fin los comentarios “graciosos” del genocida.

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09 diciembre, 2009

La cobardía del coronel Villalba

La figura del coronel Villalba durante la Guerra Civil es especialmente curiosa. Era hijo de un general del ejército español y tenía ideas derechistas. En el momento del golpe de estado de julio de 1.938 dependía de la V División con sede en Gerona. Era un firme puntal del alzamiento y había asistido, a primeros de julio, a una entrevista con varios militares que preparaban los detalles del golpe como Cabanellas, el General De Benito y el Coronel García Conde. De acuerdo con los planes de Mola, Villalba debía contener el frente de Zaragoza. Aunque en un primer momento se mantuvo dubitativo, finalmente se decantó por el bando republicano, lo cual sorprendió a todos. En los primeros días de la guerra mandó las columnas republicanas que salieron de Cataluña con el objetivo de conquistar Aragón. Su falta de sintonía con las tropas anarquistas de Durruti, que formaban el grueso de sus tropas, le hizo pedir su traslado y, tras una breve estancia en Cataluña, fue destinado al Sur.

El 14 de enero Villalba fue destinado como comandante militar de Málaga. Justo en el momento en el que se iniciaba la ofensiva nacional para conquistarla. Al parecer le habían ofrecido previamente el puesto al general Kleber, canadiense de las Brigadas Internacionales, pero éste lo rechazó porque no quería ser el general de la derrota. La situación que Villalba encontró en Málaga era muy difícil. El enemigo, que acababa de recibir importantes refuerzos de Italia, era superior en medios y en fuerzas y tenía el objetivo de la conquista de la ciudad. Málaga había conseguido desbaratar el golpe de estado gracias al pueblo, apoyado por la guardia de asalto y, desde aquel momento, había vivido en una “república independiente”, donde los comités comunistas y anarquistas se habían disputado el control, sin que el gobierno de la república pudiera ejercer su poder. Debido a esa situación y a que el gobierno de Largo Caballero, concentraba sus esfuerzos y medios en la defensa de Madrid, la ciudad malagueña fue abandonada a su suerte.


Aunque Villalba no fue por tanto el máximo responsable de la caída de Málaga, si fue el hombre que no supo controlar la situación e hizo que dicha caída fuera un desastre de enormes consecuencia humanas. El 7 de Febrero, domingo de carnaval, con el enemigo a punto de entrar en la ciudad, Villalba decidió abandonarla y huyó a toda prisa con el objetivo de trasladar la Jefatura del Sector a Nerja, antes de que las tropas italianas le cortaran la salida. No comunicó su marcha ni el lugar al que se dirigía. El gobierno le mandó dos telegramas ordenándole a regresar a Málaga y defenderla “a toda tenacidad y todo trance”. Villalba desobedeció las órdenes y continuó su huida. Las tropas, ante el avance enemigo, a su falta de medios, le añadieron la falta de referencia en el mando y comenzaron la desbandada, que arrastró en su pánico a la población civil. Se calcula que más de 5.000 personas murieron en aquella huída, pero las cifras pueden ser mayores

Días después, Villalba fue destituido y procesado junto a algunos de los altos mandos militares responsables de la caída de Málaga. La presión hacia Largo Caballero se incrementó y algunos mese más tarde tuvo que dejar su puesto a Negrín. Villalba sería posteriormente exonerado y nombrado comandante militar de Gerona. Donde sería el responsable de otra desbandada, la huida republicana hacia Francia. Después de la guerra, se exilió en el país vecino hasta julio de 1.949, cuando regresó a España y se presentó voluntario en la Secretaría de Justicia de la Capitanía de Madrid. El fiscal estimó en primera instancia que durante la guerra había cometido el delito de rebelión. En su defensa Villalba argumentó que nunca había compartido las ideas de los republicanos y que había facilitado la caída de Málaga. Aunque fue condenado a 12 años, fue indultado por Franco.


Resultan especialmente curiosas las palabras que Queipo de Llano, en su charla radiofónica diaria, le dirigió a Villalba el día de la caída de Málaga: “iAy Villalba, qué poco ha faltado para que caigas en nuestras manos! Es trágico tu destino. Pocos días antes del movimiento, Villalba estuvo con el general De Benito, indignado con los marxistas y diciendo que si estallaba pronto el movimiento él se echaba a la calle porque no podía aguantarlos más. De Benito le suplicó que tuviera paciencia, que pronto llegaría ese momento. ¿Qué pasó después? Pues por lo visto, como en Barcelona, se retrasó un poco la sublevación, se las dio de vivo y se hizo rojo por miedo. [...] Fracasó en Cataluña al mando de las columnas que enviaron contra Huesca y después, para desquitarse quizás, lo mandan para Málaga. Hay quien dice que Villalba no es rojo y que está dispuesto a fracasar por propia voluntad. ¿Por qué no ha fortificado Málaga? Y que no ha querido resistir para congraciarse con nosotros. No; nosotros no aceptaremos a traidores y criminales como tú a nuestro lado. Sufre tu destino y huye de España, quizás tengas que ganarte el pan cargando bulto s en algún puerto, si no haces como tu compañero Miaja que se lleva todo lo que puede . Sigue tu destino y que el peso de tu conciencia te abrume muchos años.”

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27 noviembre, 2009

Las ideas de destrucción masiva

A veces las ideas pueden ser más peligrosas que las armas. La historia suele recordar a los dictadores y a los asesinos, pero olvida a las mentes que les ayudan a diseñar su maquinaria de muerte y destrucción. Continuando con mi investigación histórica, no sólo aparecen héroes casi desconocidos que impresionan por su biografía, sino también algunos personajes que pueden llegar a mostrar el lado más negro del alma humana.
El 23 de agosto de 1938 la Guerra Civil española, después de algo más de un año de duración, estaba en pleno apogeo. Ese día Franco envió el telegrama 1.565 a la persona que había sido primer catedrático numerario de Psiquiatría en la Universidad española. Se trataba del comandante Antonio Vallejo Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares. Le autorizó a la constitución de una institución sin precedentes: el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, con la finalidad de iniciar y desarrollar un programa de investigaciones psiquiátricas a los hombres y mujeres capturados. Vallejo, imbuido de las teorías raciales de Hitler, quería estudiar, con el beneplácito del caudillo, los fundamentos biológicos del marxismo.



Inició el estudio con un grupo de presos de las Brigadas Internacionales, pero su segundo grupo de experimentación estuvo formado por cincuenta presas, treinta de las cuales estaban condenadas a muerte. Eran milicianas republicanas de la cárcel de Málaga, ciudad a la que consideraba proclive a la “enfermedad marxista”. No se tiene constancia de la fecha en la que trabajó con ellas, probablemente sería en 1939, un año después de la caída de la ciudad en manos franquistas. A la situación ambiental de la ciudad ocupada y la atmósfera de revancha, Vallejo añadió sus prejuicios sexistas. La mujer no era nada. Eran pobres por culpa propia, inferiores y portadoras de la destrucción racial. El método que utilizó fue similar al empleado con los brigadistas, pero en su análisis añadió connotaciones negativas por el hecho de ser mujeres: «Recuérdese para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista su característica debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad del control sobre la personalidad ( ) Cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer ( ) entonces se despiertan en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas, característica de la crueldad femenina que no queda satisfecha con la ejecución del crimen, sino que aumenta durante su comisión ( ) Además, en las revueltas políticas tienen la ocasión de satisfacer sus apetencias sexuales latentes»


Utilizó a estas presas malagueñas para sus experimentos. El peligro provenía de lo que retóricamente denominó «complejos psicoafectivos», aquellos que «descomponen la patria [ ... ], los de resentimiento, rencor, inferioridad, emulación envidiosa, arribismo ambicioso y venganza, que de sembrarse en las multitudes de la nueva España impurificarían la elevada idealidad del Movimiento Nacional, empequeñecerían el horizonte espiritual de la patria que soñamos, además de que, introducidos en el futuro orden político¬ social inspirarían medidas legislativas no muy diferentes de las marxistas». Precisamente, ése era el tipo de características negativas que Vallejo Nájera «descubrió» en las presas de Málaga sometidas a investigación psiquiátrica por él y su equipo, proporcionándole una supuesta base empírica en la que sostener su discurso.


Con esa base absolutamente banal, planteó que existe una raza española, la hispanidad, que a lo largo de los siglos se ha ido deteriorando a medida que el país se iba democratizando. Esa degeneración comenzó en el siglo XIV con la conversión de los judíos y prosiguió a lo largo de los siglos hasta llegar a la lucha de clases de la República. “Inductores y asesinos, sufrirán las penas merecidas, la de la muerte más llevadera. Unos padecerán emigración perpetua, lejos de la Madre Patria, a la que no supieron amar, otros perderán la libertad, gemirán durante años en prisiones hurgando sus delitos y legarán a sus hijos un hombre infame: los que traicionan a la patria no puede legar a su descendencia apellidos honrados”.


Así formuló la teoría de la eugenesia social, ya probada con éxito en la Alemania nazi. Este pensamiento abogaba por apartar a los tarados de la sociedad -republicanos y comunistas-. "En todo resentido existe un marxista auténtico", llegó a decir. A diferencia de los biologistas alemanes, franceses o británicos, el origen del mal no tenía un origen genético porque iría contra los postulados de la iglesia católica, sino un origen cultural en que el ambiente era determinante. La solu¬ción no estaba en buscar un gen malvado y liquidarlo. Jamás se mostró geneticista en los textos de esa época: «La dege¬neración de la raza reside a nuestro entender en factores externos que actúan de manera desfavorable sobre el plasma germinal.» El tema era el ambiente, el entorno. Se imponía la protección y mejora de la raza.


Sus ideas inspiraron las tres leyes básicas del franquismo en cuanto a la delimitación de penas: la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939, que permitía juzgar a los vencidos por sus actividades políticas desde el año 1934, la Ley de Represión del Comunismo y la masonería de 1 de marzo de 1940 y Ley de Seguridad del Estado de 29 de marzo de 1941. En su obra “La locura y la guerra. Características biopsíquicas de los marxistas internacionales”, Vallejo Nájera expuso con claridad el objeto de la investigación: “tenemos ahora una ocasión única de comprobar experimentalmente que el simplismo del ideario marxista y la igualdad social que propugna favorece su asimilación por los deficientes mentales”. El psiquiatra Carlos Castilla del Pino, que le tuvo de profesor, tuvo muy claro cuál era la finalidad de esos experimentos: “la única manera de poder justificar -sin sentimientos de culpa y en aras a un ideal superior- todas las tropelías que se cometieron es montar un edificio ideológico que lo explique. Para Vallejo Nájera, el ‘rojo’ es un degenerado y un hombre que, si se multiplica, está degenerando la raza hispánica. Por tanto, hay que exterminarle”.


Franco no se conformaba con su victoria, pretendía la eliminación total del enemigo y necesitaba de una base pseudocientífica en la que apoyarse. En este sentido las ideas, como las de Vallejo Nájera, en ocasiones son más peligrosas que las armas. En todo caso, la historia recuerda muchas veces a los bárbaros que cometen los genocidios, pero no a aquellos que los diseñan. España se llenó así de campos de concentración que sólo se cerraron después de transportar a los prisioneros en trenes de ganado hasta nuevos centros de detención. En las cárceles se fusiló a diario. La represión no sólo afectó a personas que cometieron el “error” de defender el Gobierno legítimo de la República, sino que metió en la cárcel a miles de mujeres, solas, embarazadas o con niños pequeños, muchos de los cuales murieron en las cárceles franquistas de hambre o de enfermedad. Víctimas inocentes cuyo único delito era ser hijos de rojos. Ellos fueron uno de los objetivos del régimen, material a moldear para la construcción de la “nueva España”.


En este contexto tan horrible, puede entenderse mejor la situación que mi abuela encontró en la prisión de Málaga a la que llegó el 21 de Abril de 1.944, después de haber pasado más de dos años en la prisión de Granada, donde había parido a mi tía. Según el documento de liquidación de condena que acompañaba su traslado, le quedaba por cumplir 7 años, 11 meses y 12 días (había sido condenada a una pena de diez años por “un delito contra la seguridad del Estado”). Un tiempo enorme que debería pasar lejos de sus tres hijas. Ayer recibí el expediente penitenciario de mi abuela María y, conforme lo iba leyendo, pude reconstruir su vida durante esos años. A la pérdida de la guerra y la falta de libertad, había que añadir una nueva derrota: la de soportar los mecanismos burocráticos de la maquinaria de represión franquista. Mi abuela luchó por reducir su condena y, para ello, tuvo que entrar en el juego de los que la habían detenido. El régimen le obligo a la “redención” por el trabajo, a la “educación” diseñada para lavar los cerebros. Un estado que finalmente se vio obligado a conceder indultos porque no podía soportar tanta población reclusa, sobre todo después de que la 2ª Guerra Mundial acabase con la derrota de los suyos y necesitase publicitar su propaganda de apertura. Su expediente me llegó como una carta franqueada con décadas de retraso y cuenta una biografía, la de mi abuela, de la que después de conocer estos hechos me siento aún más orgulloso.
Quiero agradecerle a la profesora de la Univeridad de Málaga Encarnación Barranquero, su amabilidad y su ayuda.
Para saber más:
Los manuales sobre la documentación preparatoria de novelas dicen que es recomendable incluir algun tema cuando se ha podido contrastar al menos en dos fuentes diferentes. Hay mucha bibliografía que documenta las "investigaciones" realizadas por Vallejo Nájera, pero si tuviera que destacar un libro sería Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas de Ricard Vinyes. Basándose en muchos testimonios de presas describe de forma muy real toda la dureza del universo penitenciario del franquismo.
Un ultimo agradecimiento, pero no por eso menor, a las personas de los archivos de Instituciones Penitenciarias y del Historico Provincial de Málaga que amablemente me han enviado el expediente penitenciario de mi abuela.

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24 noviembre, 2009

Arthur Koestler. El último mohicano de la prensa en la caída de Málaga

En la investigación histórica que vengo desarrollando para la preparación de mi novela, estoy descubirendo algunos personajes históricos, cuyas historias ya merecen por si sólas una novela propia para ellos, algunas de las cuales están incluso ya escritas. Arthur Koestler es uno de ellos.

Arthur Koestler nació en Budapest en 1.905, en el seno de una familia de clase media de origen judío. Su madre era vienesa y su padre húngaro. Tuvo una vida cómoda hasta la Primera Guerra Mundial, su padre era representante de empresas textiles inglesas y alemanas y se arruinó después de la guerra. Esta crisis produjo en él, desde su infancia, un sentimiento crítico frente a la sociedad y la adquisición de una fuerte conciencia social. Vivió intensamente la revolución húngara sintiéndose un "comunista romántico". Tras la caída de la "Comuna", escapó de Hungría con su madre y se instaló en Viena. A los 20 años, siguiendo sus ideas sionistas, se marchó a un kibbutz en Palestina. Fue dibujante de arquitectura en Haifa, vendedor en un bazar y periodista en El Cairo.
Posteriormente volvió a Europa y empezó a trabajar como periodista especializado en temas científicos en la cadena Ullstein, que era en aquel momento la mayor cadena periodística de Europa y un símbolo de la República de Weimar, una empresa que aunaba el progreso, el poder político y el ideal de cosmopolitismo judeo-alemán. Alemania se encontraba en aquel momento al borde de la guerra civil. Tras una crisis económica no superada, la inestabilidad y la violencia política presidían el ambiente. Koestler fue destinado como redactor a Berlín coincidiendo con la ascensión del partido nazi, que pasó 4 a 107 diputados en el Parlamento alemán. Fue en ese momento cuando se alistó en el Partido Comunista.

Como el mismo dijo: “Una fe no se adquiere por medio del razonamiento. Uno no se enamora de una mujer e ingresa en el seno de la iglesia como resultado de una persuasión lógica”. Fue despedido, al parecer por sus ideas comunistas, y su activismo político aumentó a partir de aquel momento. Viajó a la Unión Soviética durante un año y luego marchó a vivir a Paris, donde se habían refugiado muchos intelectuales alemanes que huían del régimen nazi. Allí comenzó a trabajar en el aparato de propaganda del Komintern (la Internacional Comunista). Aunque tenía fuertes convicciones políticas, hacia un tiempo que había detectado su “fracaso como comunista”, originado porque su fuerte personalidad no cuadraba con la disciplina de partido y por sus experiencias durante su viaje a la Unión Soviética. No obstante, sus ideales le motivaban fuertemente para luchar contra el fascismo. La victoria de Hitler y sus posteriores vivencias en la guerra civil española hicieron que mantuviera sus lazos con el comunismo.

Koestler embarcó en Southampton el 22 de Agosto de 1.936 en el vapor Almanzora, con destino a Lisboa. Viajaba bajo las credenciales del diario inglés News Chronicle que, unos días antes, había revelado que se habían hallado en Madrid detalles acerca del espionaje auspiciado en 1.934 por los nazis en España. El diario inglés tenía en ese momento una tirada que superaba de largo el millón de ejemplares y era uno de los periódicos ingleses que tomó partido por la causa republicana durante la guerra. Koestler explicaría luego ese momento en el que muchos intelectuales de todo el mundo marchaban a colaborar con la republica: “España provocó el último estertor en la conciencia moribunda de Europa. La campaña internacional con la que se expresó esa conciencia fue una mezcla de pasión y farsa. España se convirtió en el lugar de encuentro de la bohemia izquierdista que fueron de gira revolucionaria; poetas, novelistas, periodistas y estudiantes de arte cruzaron en masa los Pirineos para concurrir a congresos de escritores, para elevar la moral en el frente leyendo sus obras desde altavoces móviles a los milicianos” .


Pero Koestler fue a España por otros motivos. En Lisboa se encontraban buen número de conspiradores españoles y se alojó en el Hotel Aviz, donde se había establecido el cuartel general de los emisarios de Franco ante la autocracia portuguesa. Obtuvo un salvoconducto firmado por José María Gil Robles y 36 horas después de su llegada, se marchó a Sevilla para mantener una entrevista con el general Queipo de Llano, autorizada por Luis Bolín, jefe del departamento de prensa del bando nacional. Queipo le recibió inmediatamente después de concluir una de sus famosas arengas radiofónicas nocturnas. Las preguntas de su entrevista iban dirigidas a aclarar la amistad de los sublevados con Alemania e Italia y el origen de los aviones de esas nacionalidades que estaban combatiendo a las órdenes de los golpistas. La entrevista fue publicada en portada por el News Chronicle el 1 de Septiembre. Uno de los titulares decía:”Dictadura militar si triunfan los rebeldes”. Tuvo una gran repercusión y gracias sólo a su primer despacho, su importancia como periodista creció considerablemente.

En Sevilla, Koestler pudo ver el comportamiento de las tropas nacionales y la represión que habían iniciado. “Las calles están llenas de soldados, carlistas de boina roja, legionarios y pilotos alemanes vestidos de blanco, pero el elemento dominante es la Falange fascista, que crece todos los días en una avalancha tan sólo comparable con la oleada de primavera de los nazis en Alemania, hace tres años” .

Después de la entrevista, un corresponsal nazi que había trabajado en la cadena Ullstein y unos pilotos alemanes vestidos con el ejército de aviación española, le reconocieron en el Hotel Cristina. Sabían de sus ideas comunistas y lo denunciaron a Bolín que trató de detenerlo, pero. consiguió escapar y huyó a Gibraltar. Un colega francés le comentó a Koestler que Bolín juró que si lo volvía a encontrar le pegaría un tiro. Luis Bolín era malagueño, cuando estalló el alzamiento, era el corresponsal del ABC en Londres y jugó un papel clave en el mismo, ya que fue quien contrato el Dragón Rapide, el avión que llevó a Franco de Las Palmas a Tetuán para encabezar la rebelión al frente de las tropas africanas.


Después de su huida a Gibraltar, Koestler marchó a Paris y de allí a Londres como funcionario de enlace entre ambas ciudades. Hizo un segundo viaje a España en otoño de 1.936, esta vez con pasaporte español. Julio Álvarez del Vayo, por entonces Ministro de Relaciones Exteriores republicano, le pidió que buscara pruebas de la infiltración alemana en España desde antes de la guerra. Prefería que lo hiciera él, un extranjero, por no confiar en las divisiones políticas, con las que se enfrentaba la republica española. Koestler recopiló información al respecto, que metió en una maleta y partió en coche de Madrid con destino a Valencia y posteriormente a Paris. Era un enorme automóvil que habían puesto a su disposición y cuya carrocería había sido diseñada y construida para el ex primer ministro Lerroux. Con él viajaron tres pilotos franceses comunistas, que pertenecían a la escuadra de Malraux, y que, dado el trato que le dispensaba a la maleta, interpretaron erróneamente que llevaba oro de la república. El viaje coincidió con la marcha del gobierno de Largo Caballero también a Valencia, ante el peligro de que Madrid cayera en manos de los nacionales. Su fuga le llenó de vergüenza a Koestler, especialmente a causa de la posterior y heroica defensa de Madrid cuando todo parecía perdido. A nivel internacional, los dos hechos más destacados por la prensa en aquellos meses fueron la reelección de Roosevelt a principios de Noviembre y la abdicación de Eduardo VIII de Inglaterra en diciembre.

A su vuelta a París, mientras Inglaterra y Francia aumentaban su esfuerzo diplomático para poner fin a la movilización de extranjeros hacia la guerra española, Koestler comenzó a escribir su libro “Testamento español”, que él mismo calificaría años después de propaganda, aunque ésta había pasado a ser en aquel momento una parte imprescindible de la guerra. La obra, escrita en alemán, apareció a principios de 1.937 y la edición francesa estaba en imprenta cuando Koestler recibió por tercera vez la orden de dirigirse a España. Volvió a viajar con credenciales del News Chronicle hacia Valencia y de allí salió el 26 de Enero de 1.937 con destino final en Málaga.
Llegó a esta ciudad al atardecer del día 28 y la descripción que hizo en su diario nos describe muy bien la situación en la que se encontraba. “Una ciudad después del terremoto. Oscuridad, calles enteras en ruinas; las aceras desiertas, llenas de cartuchos y un cierto hedor que conocía de Madrid; un polvo de tiza suspendido en el aire mezclado con olor a pólvora y ¿será mi imaginación? El penetrante olor a carne humana quemada. Madrid después de los bombardeos parecía un lugar de veraneo comparada con esta ciudad agonizante”.

Durante los días siguientes recogió, tanto en sus diarios, como en las crónicas que enviaba a su periódico, los hechos dramáticos que se produjeron a la caída de Málaga en manos de los fascistas. En esa situación, y recordando la sensación que le produjo su marcha de Madrid unos meses antes, esta vez decidió quedarse, convirtiéndose en el único periodista que lo hacía (aunque no debemos de olvidar su verdadera misión de espía) y como el mismo dijo en su diario:” Y entonces seré el último mohicano de la prensa en el mundo”.

Se refugió en la casa de Sir Peter Chalmers-Mitchell, un eminente zoólogo británico retirado, sobre la que ondeaba la bandera británica. El anciano era el único inglés que queda en la ciudad. Ese día Koestler le había pedido a una compañera que se marchaba, que mandara a su periódico un telegrama: “Málaga perdida. K se queda”. Koestler sabía que corría grave peligro quedándose. En su libro “Dialogo con la muerte” explicó que se sentía imposibilitado de huir por una decisión interior que le compelía a quedarse para ver el final. En otro libro suyo “La escritura invisible” decía: “he tratado de explicar las razones, o racionalizaciones, que me llevaron a decidir quedarme a pesar de todo. En Dialogo con la muerte estas razones se nublan porque al escribirlo yo mismo no las podía comprender. No podía aún hacer cara a esa cobardía revertida, el miedo a sentir miedo, que había jugado un papel principal en mis acciones; ni podía comprender el tortuoso camino del deseo de la muerte”. Koestler y Sir Peter se quedaron toda la noche bebiendo a la espera de la entrada de los nacionales, cada uno guardaba una jeringa con morfina para precipitar el final si era necesario.

Luis Bolín entró en Málaga con las tropas nacionales y al día siguiente se dirigió a su antigua mansión encontrándola intacta pero vacía. Posteriormente fue a la de su tío Tomás Bolín, que era un falangista perteneciente a una de las familias ricas de la ciudad y vecino de Sir Peter Chalmers-Mitchell. Éste protegió y ayudó a huir a Tomás cuando al alzamiento fracasó en Málaga. La escena que describió Koestler en ese momento fue extremadamente tensa, ya que según cuenta él mismo, cuando Luis Bolín entró en la casa de Sir Peter se sorprendió de encontrarle y se dispuso a matarle allí mismo delante de Sir Peter. En ese momento también llegó Tomás Bolín a recoger unas maletas que había dejado en la casa, tras su huida algunos meses antes. Los dos Bolín y Sir Peter tuvieron entonces una acalorada discusión en una habitación vecina. Al final de la misma Sir Peter no le comunicó a Koestler buenos presagios para él. Inmediatamente se llevaron a ambos detenidos. Sir Peter antes de separarse de él, le recitó unos versos del poeta Swinburne: “Vive y llénate de los días y muere cuando te llegue el día, y no hagas mucho caso de la muerte para que en tu día no coseches ninguna maldad”.

Koestler estuvo todo el día en la comisaria y pudo ver como comenzaba la represión de los vencedores. Después de varias horas, lo registraron y le encontraron dinero republicano, una pluma y la jeringa. El dinero se lo devolvieron para que se pagase el pasaje al cielo, pero obviamente le quitaron la jeringa. Cuando Koestler les pidió la pluma, le argumentaron la negativa diciéndole que no la iba a necesitar en el cielo. Mientras Chalmers-Mitchell, que estaba retenido en su hotel bajo promesa de no escapar, aprovechó la primera oportunidad que tuvo para huir a Gibraltar. El arresto de Koestler fue conocido unos días más tarde por su periódico, que organizó una campaña internacional para solicitar su liberación. Mientras a él lo trasladaban en tren a la prisión de Sevilla.

Veinte días después, Koestler recibió el primer mensaje del exterior. “Era un rollito de papel marrón usado para los cigarrillos españoles, tirado por el visor de la puerta de mi celda, en la cárcel de Sevilla. Al desplegar el papel hallé líneas escritas en caligrafía de niño con muchas faltas de ortografía. Decía: Camarada, sabemos que estás aquí y que es amigo de la República Española. Ha sido condenado a muerte, pero no le fusilarán. Tienen demasiado miedo al nuevo rey de Inglaterra. Solamente nos matarán a nosotros, los pobres y los humildes. No hubo otras cartas. Luego me enteré de que esos hombres fueron ejecutados esa misma noche”. A ellos les dedicaría luego Koestler su libro Testamento Español.

Posteriormente recibiría en la prisión una visita de un periodista simpatizante de los nacionales que le pidió que firmara un artículo favorable a su bando. Koestler dudó al principio, pero luego pensó que era su “sentencia de muerte moral” y se negó a hacerlo. Esas breves dudas le atormentaron en la celda durante los días siguientes. Durante las semanas siguientes tuvo mucho tiempo para pensar: “Ser ejecutado en una guerra civil es una de las formas más desagradables de morir. Y yo tenía mucho tiempo para pensarlo una y otra vez. Uno piensa muchísimo si no tiene otra cosa que hacer que caminar ida y vuelta, ida y vuelta, durante por lo menos dieciocho horas al día y eso durante 97 días”.

Después de ese tiempo, Koestler fue canjeado por la mujer del aviador Carlos Haya, uno de los héroes de los nacionales, que estaba retenida por la República. Queipo había ofrecido hasta veintiuna personas republicanas detenidas a cambio de ella. Fue el mismo aviador quien trasladó personalmente a Koestler en su avión hasta La Línea. El canje de prisioneros se hizo en la frontera con Gibraltar. Nunca volvió a España. Según el mismo confesó: “es inútil volver, después de mucho tiempo, aun lugar con el que uno tuvo fuertes lazos emocionales. Uno no hallará lo que busca y tendrá una gran decepción”.

Después escribió la novela “Los gladiadores”, que habla de una revolución fracasada, la llevada a cabo por Espartaco. La historia fue llevada al cine por Stanley Kubrik en su famosa película. La experiencia en la guerra española marcó a Koestler que fue muy crítico con la política soviética con respecto a la misma. Eso conjuntamente con los procesos de Moscú que Stalin desencadenó a finales de los años treinta contra algunos de los comunistas más destacados de la primera hora, así como el pacto de éste con Hitler, le hicieron abandonar el partido y escribir la novela que le daría fama: El cero y el infinito. A partir de ese momento, el hombre que había sido un ferviente comunista, dedicó su vida a luchar contra el estalinismo y cualquier clase de totalitarismo.

Participó en la Segunda Guerra Mundial donde, apresado por los nazis, fue internado en el campo de concentración de Vernet d'Ariège. Gracias a la ayuda de un miembro del Servicio de Inteligencia fue puesto en libertad condicional y se estableció en Marsella, desde donde consiguió pasar a Argelia y de allí a Casablanca e Inglaterra, país que, al terminar el conflicto, eligió como su patria y donde vivió el resto de su vida.

En marzo de 1983, Arthur Koestler y su esposa, Cynthia, pusieron fin voluntariamente a sus vidas, con una sobredosis de barbitúricos, en su domicilio londinense. En el momento de su suicidio, Arthur Koestler contaba 77 años de edad y desde hacía siete padecía la enfermedad de Parkinson, agravada con una leucemia. Con su muerte fue fiel a la última causa que defendió en vida: la eutanasia voluntaria, era vicepresidente de la Voluntary Euthanasia Society. Si a lo largo de los años sesenta había defendido incansablemente que ningún hombre tiene derecho a matar a otro hombre a sangre fría, en sus últimos años pasó a defender, prioritariamente, que cada hombre tiene derecho a matarse a sí mismo a sangre fría.

Dejó escrita una nota en la que, entre otras cosas, decía: Intentar suicidarse es un juego arriesgado cuyo resultado es únicamente conocido por el jugador si el intento falla. Quiero que mis amigos sepan que abandono su compañía con plenas facultades mentales, con alguna tímida esperanza en una vida posterior despersonalizada más allá de los límites del espacio y del tiempo y de los límites de nuestra comprensión. Este sentimiento oceánico me ha sostenido frecuentemente en momentos difíciles, y ahora también, mientras estoy escribiendo esto.

Leyendo sus palabras podemos entender su vida: "Si he narrado mis aventuras, es porque ellas son típicas de esa especie de la humanidad a la que pertenezco: los exiliados, los perseguidos, los expulsados de Europa; de los miles y millones que, a causa de su raza, de su nacionalidad o de sus creencias, se han convertido en la escoria de la tierra".

Para saber más de Koestler recomiendo la lectura de sus obras y también del libro de Andrew Graham Yoll “Arthur Koestler: del infinito al cero”.

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13 noviembre, 2009

La carretera de la muerte

Ahi va mi tercer ejercicio en la escola d'escriptors. La misma historia contada desde la visión de dos narradores diferentes:


1

Nunca podré olvidar aquellos largos días de febrero. El domingo de carnaval amaneció radiante. Era uno de esos días en los que Málaga se viste de primavera en pleno invierno, pero aquel domingo no hubo risas, ni disfraces, sólo el silencio extraño que precede a la desgracia. Los bombardeos que habían asolado la ciudad durante las últimas semanas de repente callaron. Nunca un carnaval fue tan triste. La inquietud, que se había ido apoderando de todos durante los días previos, estalló y con ella vino el pánico. Las noticias de la radio hablaban de calma y de resistencia, pero las calles se llenaron de miles de personas huidas de los pueblos cercanos y de milicianos con la mirada perdida. Con ellos llegaron las malas noticias, las barbaridades que cometían las tropas moras, los fusilamientos, los ajustes de cuentas que llevaban seis meses esperando. Entonces toda la ciudad cayó presa del espanto, abandonada a la entrada inminente del ejército enemigo.

Las tiendas vacías, los escaparates rotos, los tranvías parados nos despidieron en la huida. A partir de ese momento me perdí entre una masa oscura que solo buscaba un poco de esperanza, me sumé a una larga marcha que nos hizo atravesar el infierno. La carretera serpenteaba junto al mar y a la vuelta de cada recodo veía la infinita hilera de fugitivos que todo lo cubría. Al final del primer día, las cunetas empezaron a llenarse de enseres que sólo representaban una pesada carga, eran los restos abandonados de la mudanza más lúgubre que jamás he visto. La marcha compacta empezó a disgregarse, a deshacerse en jirones en los que iban quedando atrás los más débiles, los más viejos.

Con la llegada de la primera noche volvió el miedo. Caminando a oscuras las familias comenzaron a separarse. Recuerdo que el silencio duró poco y rápidamente empezaron a llamar a los que se iban perdiendo. Toda la carretera se convirtió en un lamento de nombres: ¡José, María, Antonio, Carmen, Pedro! A los gritos le siguió el llanto y al llanto le siguió el eco que duró toda la noche. Las madres que no estaban presas del miedo, ataban a sus hijos en un hatillo que los ligaban como un cordón umbilical hacia la vida.

Con la luz del día volvió la esperanza, pero apareció el cansancio y el levante trajo una niebla espesa como un mal presagio. A media mañana, el sol disipó la bruma y todos tratamos de despertar el ánimo. El enemigo se entretuvo en la ciudad conquistada escampando su furia, disfrutando ebrio de su victoria, pero no tenía suficiente. Los últimos milicianos que huían en un camión nos anunciaron que la infantería motorizada de los italianos no estaba dispuesta a darnos tregua. Nos pasamos los días siguientes con miedo a verlos aparecer de repente detrás de cada curva, con sus uniformes nuevos, recién estrenados para una guerra que no era la suya. Al final del segundo día, los que aparecieron a lo lejos fueron los barcos, con esa silueta amenazante de los que están al acecho, de los que se saben dueños de la vida y sólo esperan la orden que lo cambia todo. Y esas órdenes siempre llegan. Al caer la tarde, estaban tan cerca que empezamos a ver sus caras de odio. Pude observar como maniobraban en la cubierta sus preparativos para la tragedia. Entonces empezaron los obuses y ni siquiera la noche pudo salvarnos, iluminaron la oscuridad con sus fantasmagóricos reflectores y comenzaron las ráfagas y las carreras. Yo huí lo más lejos que pude, oculté mi miedo entre los cañaverales. Junto al calor de otros cuerpos volvió la noche con su silencio y me quedé dormida.

Al despertar me di cuenta de que había estado soñando rodeada de cadáveres fríos que ya no se levantarían. Reemprendí la marcha. La carretera se adentró en la tierra y nos dio una tregua, pero la alegría es siempre breve. Primero oímos el ruido sordo de sus motores y luego aparecieron en el cielo, soltando sus bombas. Cuando acabaron las explosiones, los aviones empezaron las ráfagas y luego otra vez el llanto. Más adelante, la carretera volvió junto al mar y se estrechó en un acantilado. Lo que pasó entonces he tratado de olvidarlo muchas veces, pero la memoria es mala amiga y, como el mar, siempre nos devuelve todo aquello que le arrojamos. Aquella mañana sentí el olor de la sangre, vi el pánico en los ojos de los que me rodeaban y la inclemencia de los barcos y los aviones masacrando la vida en aquella carretera. Nunca podré olvidar una mirada, la de aquella mujer, aturdida por la locura inmisericorde del momento, que trataba de amamantar a su hijo muerto. Tres días más tarde llegaba a Almería.


2

El pasado martes 9 de febrero nuestro enemigo, ciego de ira, demostró como administra su victoria. Fue en las afueras de Maro, la carretera se empina en los acantilados junto al mar, en la cuesta que llaman de los caracolillos. Allí no hay espacio para los cañaverales, ni para los sarmientos o las pencas, solo para el gris de la gravilla de la carretera y abajo el blanco de las olas. Por allí pasaba la tortuosa riada humana que escapaba de Málaga y de toda la Axarquía, su comarca de poniente, en un éxodo que ya duraba varios días. Los viejos cansados caminaban con las piernas llenas de llagas, las mujeres iban arrastrando a sus hijos, los más afortunados a lomos de algún mulo o dentro de un serón, los pocos milicianos que pudieron huir en camiones ya habían pasado por allí muchas horas antes.



Fue en aquel estrechamiento del camino donde la aviación alemana e italiana, con sus junquers y sus fiats, ametrallaron si piedad al gentío, en vuelos rasantes que iban descargando la muerte por oleadas. Desde el mar la flota fascista, con los acorazados Almirante Cervera y Canarias a la cabeza, disparaban sus cañones. El paisaje en la carretera fue dantesco: una mujer arrodillada con los brazos en cruz rogaba clemencia, algunos viejos se arrojaban al vacio con el objetivo de acabar cuanto antes su dolor, los niños corrían presa del llanto, la metralla pasaba segando los cuerpos, mientras los barcos apuntaban sus obuses hacia las rocas, donde sabían que los desprendimientos causaban más estragos. Un carromato repleto de seres humanos estalló repartiendo su muerte por la carretera. Solo se oían gritos, las explosiones de las bombas reverberando el sonido en un eco continuo y el ruido sordo de las balas. El enemigo estaba tan cerca que podían verles las caras.

Cuando se les acabó la munición, se alzó la niebla. Cientos de cuerpos quedaron tendidos sobre la carretera y entonces sólo se oían las quejas y los lamentos que susurraban los heridos. Ahora el general Queipo de Llano debe estar en Málaga celebrando su pequeña victoria.

Almería, 12 febrero 1.937.

Nota.- Estos relatos novelan una situación basada en testimonios y hechos totalmente reales. Para saber más:
http://servicios.diariosur.es/lahuida/main.html
http://www.malaga1937.es


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12 noviembre, 2009

Los hijos de la noche

Podemos aventurar que la República Española fue el primer país en la historia militar moderna en incorporar comandos guerrilleros en un ejército regular. Los integrantes del “Batallón de Guerrilleros”, debían difundir el descontento, practicar el sabotaje, proceder a la destrucción de vías férreas, dar golpes de mano y atentar contra ciertos personajes. En suma, todo un plan de actividades más o menos parecidas a lo que más tarde, ya durante la Segunda Guerra Mundial, tomaría el nombre de “comandos”. Al parecer el proyecto de ese cuerpo militar (más adelante conocido como el célebre XIV Cuerpo de Ejército) había sido aprobado por Largo Caballero y revocado luego por Prieto, aunque después sería repuesto y cobraría auge.



Cada división contaba con varias brigadas, y éstas, a su vez, mantenían en pie cada una de ellas a unos 140-150 combatientes o guerrilleros, mandados por un capitán de milicias. Estos guerrilleros procedían de la masa de evadidos o de los propios milicianos que se incorporaban como voluntarios a tales unidades. Los grupos destinados a labores de sabotaje se componían, de ordinario, de 5 o 6 miembros y un sargento responsable. Hacían su propia vida "en comuna", con sus propios servicios y sus miembros tenían un marcado carácter independiente, haciendo una vida al margen del ejército regular, que a veces rayaba en la indisciplina. Cada unidad elegía su propio jefe según su habilidad, astucia y valor demostrados en las misiones. Se especula que los hermanos Quero formaron parte de estos grupos conocidos como “los hijos de la noche”, aunque cuando fueron interrogados nada más acabar la guerra negaron haber pertenecido a dichos grupos.



La primera noticia de actuación de “los hijos de la noche” en Andalucía la tenemos en un informe establecido en Sevilla el 22 de abril de 1938 con destino al Cuartel General de Burgos, se indicaba que a las 3,30 h. del 3 de marzo pasado se había registrado un sabotaje en Dúrcal-Motril, entre las estaciones ferroviarias de Gorgoracha y Pilar, en la provincia de Granada. Los autores eran los guerrilleros del XIV Cuerpo de Ejército. Los desperfectos habían sido considerables. Tanto que el tren debió detenerse.


No obstante, la operación más importante realizada por estos cuerpos fue el rescate del fuerte de Carchuna. En la medianoche del 23 de mayo de 1.938 se realizó la que está considerada como la única acción de comando del ejército español. Una treintena de soldados republicanos, voluntarios de la 55 brigada perteneciente a la 71 División del XXIII Cuerpo de Ejército, liberaron a 308 oficiales y soldados procedentes del Ejército Republicano del Norte, todos ellos asturianos, que se encontraban prisioneros en el Fuerte de Carchuna, ya que eran empleados por los fascistas en la construcción de fortificaciones.


La operación se preparó con la información que aportaron cuatro prisioneros que se habían evadido unos días antes y contó con la colaboración de varios paisanos que sirvieron de enlaces y que eran marineros y pescadores de Adra que tenían un buen conocimiento de la zona. El comando formado por una treintena de hombres debía salir del pequeño puerto pesquero de Castel de Ferro e de internarse cuatro millas dentro de las líneas enemigas.


El primer intento se frustró por problemas de logística: una de las lanchas averió el motor y la otra perdió la orientación, llegando incluso hasta la vertical de Motril (una milla náutica, unos 2 kms. más allá del objetivo) en zona "nacional", pasando desapercibida al enemigo. Hay que tener en cuenta que no disponían de embarcaciones especializadas para este tipo de operación, sino barcas de pesca sin luces de posición, en plena oscuridad, sin instrumentos de navegación ni radiofonía, muchos de los comandos integrantes no sabían nadar, intentando confundir el enorme ruido de sus motores con el de los demás pesqueros de la zona.


En un segundo intento, pese al oleaje y la avería de otra de las lanchas consiguieron desembarcar en la Punta de Llano, situada en la costa entre Calahonda y el cabo Sacratif, cerca de Motril, al este de Carchuna. Ante la avería tuvieron que recurrir a una lancha de remos remolcada por una a motor. Como ésta última no podía alcanzar la orilla, parte del desembarco de hombres, armas y explosivos tuvo que hacerse a nado en las todavía frías aguas de Mayo, en pleno silencio y en la oscuridad de la noche. Inmediatamente atacaron la fortificación con el respaldo de otra unidad republicana desde tierra.


El asalto se habría producido «sin grandes contratiempos, después de unas breves escaramuzas en las que los guardianes sufrieron algunas bajas, incluyendo éstas al alférez que mandaba el destacamento que vigilaba a los prisioneros; lograron poner en libertad a los presos, a los que facilitaron algunas armas y granadas, otros tomarían las armas de sus antiguos captores, todo el grupo y sus enlaces pudieron regresar a las líneas republicanas, haciendo el itinerario por la Sierra, junto con algunos suboficiales "nacionalistas" que en realidad eran leales a la República. Sufrieron bajas en la retirada.


Para facilitar el paso del grupo de rescate junto a los 308 asturianos liberados por las líneas del frente nacional de la zona, el 220. Batallón de la 55 Brigada, unidad que cubría el frente granadino, lanzó un «ataque de distracción apoyado por algunas baterías de artillería y de mortero». Así, el grupo de rescate y los prisioneros asturianos liberados conseguirían regresar a posiciones republicanas antes de la amanecida del 24 de mayo.


Según contaron los presos republicanos asturianos rescatados en la operación, los guerrilleros que realizaron la operación ni siquiera se dieron a conocer entre sus liberados, simplemente les sacaron "del infierno", y se esfumaron, una vez que comprobaron que los presos ya estaban a salvo en las líneas republicanas. Entre la treintena de hombres que participaron en esta operación estuvieron tres brigadistas norteamericanos del Batallón Lincoln: Irvin Goff, William Aalto y el comandante Alex Kunslich.


Según algunos autores, el escritor estadounidense Ernest Hemingway que cubrió la guerra civil como corresponsal, se inspiró en las audaces acciones guerrilleras de Goff para su famosa obra "Por quién doblan las campanas", que más tarde se llevaría a la gran pantalla en Hollywood, encarnando su papel Gary Cooper. Goof, de origen judío, realizo otras operaciones como la voladura del puente de Guadalaviar, en Albarracín, la destrucción de un convoy militar cargado de soldados italianos del CTV en la línea ferroviaria Córdoba-Los Rosales, y la captura de todo el Estado Mayor de una división franquista en el sector de Tremp (Cataluña). Combatió en España hasta 1.9939 y dos años más tarde, cuando Alemania atacó a la URSS se enroló en los paracaidistas americanos. Debido a su condición de antifascista prematuro y de curtido ex-combatiente en España, que le cerraba el camino a combatir en el frente integrado en fuerzas regulares, conseguiría ser trasladado al OSS (Office of Strategic Services, que más tarde se transformaría en la CIA) constituido para el espionaje, el sabotaje y la guerrilla en territorio enemigo. Combatió como comando guerrillero en Alemania e Italia. Terminaría la guerra con el grado de capitán, el mismo que había alcanzado en la Guerra Civil de España. Durante el periodo de la "Caza de Brujas" de McCarthy, fue perseguido por sus ideas comunistas.


El testimonio de Goff sobre la operación de Carchuna es el siguiente: "Fue algo parecido a una pantalla, desembarcamos treinta y cinco comandos con muchas bombas de mano y libramos la acción, breve y sangrienta, sin obstáculos. Durante el repliegue hacia la playa, dos camaradas españoles, otro estadounidense y yo, fuimos interceptados por soldados enemigos y no conseguimos llegar a tiempo a los barcos, que desamarraron sin nosotros. Nos zambullimos en el mar mientras los fascistas nos disparaban. Los camaradas españoles se ahogaron y vimos impotentes sus cuerpos flotar sin poder acudir en su ayuda. Al amanecer nos escondimos entre los peñascos, y al caer la noche volvimos a nadar hasta territorio republicano. Empleamos tres días para un recorrido de más de cinco kilómetros, para, por fin, estar seguros detrás de nuestras líneas".


William Aalto era de Nueva York, comunista y homosexual. Voluntario en España antes de cumplir los 19 años, Aalto tomó parte en algunas acciones de guerrilla, entre ellas la de Carchuna. Regresó a los EE.UU. a finales de 1938, y cuando éstos entraron en la II Guerra Mundial también se incorporó al OSS. Posteriormente sería expulsado del Cuerpo a instancias del senador republicano William Donovan, por su homosexualidad, integrándose como instructor de Operaciones Especiales del ejército norteamericano en los campamentos de instrucción en Gran Bretaña. Por "conducta inmoral" Aalto también fue expulsado del Partido Comunista.